Creo que era ayer cuando escuchaba a Iñaki Gabilondo recordar comentarios de hace año y medio acerca de lo que se nos venía encima.
Se me quedó la frase "crisis sistémica", y dictámenes en la línea de que había que refundar el capitalismo, que había que evolucionar hacia una mayor regulación del mercado, y perlas por el estilo.
Comentaba que de todo aquello, ná de ná.
Lo que sigue ya es mío.
Seguimos en manos de la Banca, con una clase política que da penita, con unas organizaciones sindicales totalmente increíbles (vamos que no se lo creen ni ellos), y sin prácticamente nadie desde el terreno de las ideas que haga análisis. O por lo menos que se lo publiquen o dén difusión.
Se llevan los debates (pocos) a cara de perro, con trasfondo político casi siempre, grandes hermanos eternos, mucho fútbol, y poca chicha.
O a lo mejor es que no veo suficiente tele ni leo suficiente prensa.
Alguien decía que la crisis se acabará de repente, casi sin que nos demos cuenta, y sin causa aparente. Vamos, como si fuera un fenómeno atmosférico que responde a variables inasequibles. Es posible.
El tema es que esto es como un tsunami. Cuando pasa es momento de contar los muertos, valorar daños, y llamar a la ONU. El problema es que a los muertos no se los puede resucitar, el que haya perdido su casa, su empresa, su familia, tendrá que joderse y volver a empezar, o no. Según las fuerzas y las ganas.
Claro que en Haití y en Madeira están peor. Lo de Haití es bíblico; qué habrán hecho para que Dios les haya hecho eso. Porque seguro que ha sido Dios, ¿no? Habrá que preguntarle a Ratzinger.
Con lo de Madeira no quiero caer en chistes fáciles y de pésimo gusto. Les queda el consuelo de que CR9 es de allí, y a lo mejor el turismo les compensa en parte.
Y esto me lleva a preguntarme por el PROGRESO. Qué coño estamos haciendo, que no somos capaces de protegernos del agua cuando llueve. Qué progreso es el nuestro, que se cobra decenas de muertos cada fin de semana en la carretera. Qué progreso es el que acumula residuos radiactivos, que estarán emitiendo neutrones miles de años después de que hayamos palmado todos los que vivimos en el mundo, y diez generaciones más. Qué progreso es el que lleva al borde de la extinción a cientos de especies por causa directa de nuestra actividad. Qué progreso es el que tala de forma ilegal más superficie amazónica que la provincia de Murcia, en un año.
El nuevo dios, el progreso, al que hay que sacrificar vidas, especies animales, vegetales, culturas enteras, es lo que nos impulsa.
¿Alguien ha pensado qué coño es el progreso?¿Y por qué es mejor que otra cosa? Me gustaría que me lo explicaran; creo que no lo tengo claro.
Supongo que tiene que ver con la mejora de las condiciones de vida. Más progreso, más calidad de vida. Bien. Ahora definamos 'calidad de vida'.
¿Vivir más años? Mi madre tiene 86. Desde hace varios, con Alzheimer avanzado. Incapaz de reconocer a sus hijos, ni de tener conciencia de sí misma, prácticamente. No es un caso aislado, por desgracia.
¿Mayor nivel cultural? Como diría Espe, niego la mayor. Hoy se acaba la enseñanza obligatoria con un déficit de preparación de escándalo; por término medio. Las encuestas europeas lo dicen, y, al menos en mi entorno, la experiencia lo avala. Mi abuelo materno, panadero de oficio, nacido a finales del XIX, leía, subrayaba, y comentaba, a los clásicos: Platón, Sócrates, etc., conocía de memoria pasajes enteros del Quijote, por no hablar de temas del pensamiento de su época. No hay color. Los chicos de entre 15 y 18 años no saben casi ni escribir correctamente, que es casi lo mínimo. No hablemos de cosas como la geografía, o la historia, o la gramática. Hablo de la generalidad, al menos según la percibo yo, y no creo que mi entorno sea peor que el que me rodeaba de pequeño.
En definitiva, que este progreso no parece que nos haga progresar mucho.
Claro que si se mide en número de hogares con acceso a la banda ancha, o en número de televisores de plasma por hogar, o en número de caballos del coche, o en kilómetros recorridos en avión para ver el último complejo hotelero todo incluido, o en barco de ruta por el mar Rojo, o al safari en Kenia, o a la base del Everest, ahí sí. Jamás se había viajado tanto.
Por ejemplo, yo, que no conozco las Pirámides, soy un puto pringao. Tampoco he estado en China ni en Bali. En fin, un marginado.
Eso de llegar el miércoles antes del jueves santo, y decir ¿qué, nos vamos a Sagunto hasta el domingo?, o a Sevilla de sábado a domingo durante la Feria, pues como que ya no se puede hacer.
Está todo petado. Hay que planificar cada salida como las expediciones de Livingstone.
Antes íbamos 5 personas, con un perro de unos 35 kilos, con tienda de campaña, sacos, colchones hinchables, cámping-gas, mesa, sillas, una nevera de la de comprar hielo y meterlo, aletas y gafas de buceo, ropa, bañadores,... en un Simca 1000, y nos tirábamos un mes en Tarifa, tan tranquilos. Hoy, 35 años después, y mucho progreso acumulado, eso es imposible. IM-PO-SI-BLE.
En fin que tenemos más metros cuadrados de casa, más centímetros cúbicos de motor, más canales de televisión, Internet, I-pod, móviles (la repolla), tarjetas de crédito, zapatillas con tecnología espacial, y muchas más cosas que se me olvidan, pero no tenemos aquella espontaneidad, aquella capacidad de disfrutar de cosas sencillas, aquel bienestar que hoy es una especie extinguida.
No sé que me pasa que últimamente lo veo todo algo oscuro. Voy a tener que hacérmelo ver.
Os deseo un ataque de salud permanente.
Abrazos y besos.
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